¿Tu hijo/a es tímido/a? ¡Enhorabuena!

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Tendemos a pensar en la timidez como algo negativo, pero encierra multitud de posibilidades desde la perspectiva de la resiliencia. Si tu hijo/a es tímido/a cuentas con un precioso regalo. Descubre por qué.

Tengo una amiga que es psicóloga, y una profesional como la copa de un pino. De porte elegante, demuestra siempre una madurez digna de admirar. Es de esas personas que saben de lo que hablan. De las que pueden explicarte con sencillez las cosas más complejas. Es admirable.

Hace unos días acudió a una cita con la tutora de su hija, que tiene 16 años. Buenas noticas. Le comunicaron que era muy buena compañera, muy responsable con los estudios, y que tenía mucha motivación y curiosidad por el aprendizaje. Estupendo. Pero antes de terminar, la conversación sufrió un giro. Le dijeron que los profesores estaban un poco “preocupados”. Rojo. Alarma. Al parecer a la chica le costaba levantar la mano y preguntar sus dudas en clase. Diagnóstico completado: muy tímida. Algo había que hacer con eso.

Como toda madre, salió de la reunión confundida y preocupada. Es impresionante qué pegajosas son las neurosis de los profesores. Poco tiempo después, hablamos. Necesitaba que alguien le confirmara lo que ya sabía. Que ser tímido no es una enfermedad, ni mucho menos algo malo. Así que hicimos lo que procede. Tomar cerveza y poner a bajar de un burro a toda la profesión docente. No me interpretéis mal, respeto a los profesores/as más que a mí mismo, pero de vez en cuando me dejo llevar por la mala leche y —como todo dios— digo cosas que no pienso. Sirve de válvula de desahogo.

Así que a la tercera cerveza me vine arriba. Que alguien levante la mano y me lo explique. Que me digan por qué es peor ser un niño, una niña o un adolescente tímido. Que pimientos es eso. Que se levante y que me lo diga a la cara, que le pongo en su sitio.

Qué manía tenemos las personas de poner la etiqueta de bueno o malo a todas las cosas. Da igual. Bueno o malo. Incluso cuando no tenemos poder sobre ello. Me explico. No elegimos ser o no tímidos, igual que no decidimos si preferimos el brócoli o las coles de Bruselas.

Lejos de ser una desventaja, la timidez encierra multitud de posibilidades resilientes

Ser o no tímido forma parte del engranaje de nuestros impulsos más primarios. Significa que, ante un peligro real o figurado, no nos sale la respuesta de lucha contra las dificultades. Nos sale otra cosa. Otra cosa ni mejor ni peor. Diferente. Nos sale volver a nuestro círculo de seguridad, con las cosas y las personas que nos arropan y nos protegen.

Digámoslo bien alto entonces. Ser tímido es un saco enorme de ventajas. Los niños y niñas tímidos son más prudentes, y recurren a la gente que les da seguridad cuando tienen problemas. A veces en el proceso se sienten pequeñitos e impotentes. Lo pasan mal. Pero este sufrimiento les abre un montón de posibilidades.

La motivación para buscar refugio en las personas que nos quieren y nos cuidan es un factor de protección contra la enfermedad mental

Ponte un momento en el lugar de un niño tímido. O de una niña tímida. Hay otros niños que te molestan. Se meten contigo. Y tú te sientes muy pequeñito, sólo e inseguro. Un asco. No puedes hacerles frente, porque son muy fuertes. Sientes una gran angustia ¿qué haces?

Alguno pensará: “pues te la comes con patatas”. Pues lo interesante es eso, las patatas. Lo que haces con tu psiquismo para superar la situación. Ricas patatas fritas. El malestar pesa y duele, y articula día tras día recursos. Puede ser que te juntes con las personas que te hacen sentir verdaderamente bien ¡buena idea! O que te refugies en las cosas que se te dan bien ¡Coño! ¡Enhorabuena! O que recurras a la fantasía para motivarte en un mundo que se ha vuelto hostil. Quién sabe. Sea lo que sea, cuando más tiempo te afecten estas necesidades —si cuentas con un buen andamiaje— más recursos y habilidades pondrás en marcha. Y esto, si te toca en el momento adecuado, puede hacer estallar en positivo tu mente. Y es que el cerebro se moviliza para satisfacer las necesidades que la realidad impone.

Lo que hoy en día se sabe es que los niños, niñas y adolescentes tímidos tienen un enorme potencial resiliente. Que con el debido apoyo pueden hacerse personas muy flexibles y capaces de enfrentar y superar las adversidades. Que en muchos casos disfrutan de una gran capacidad de comprender y visualizar su propia mente, y que suelen contar con mejores herramientas para comprender profundamente a sus semejantes. Que se autorregulan mejor, y que son más prudentes con sus decisiones. Que tienden a pedir ayuda para enfrentar las dificultades, en vez de coger un kalashnikov y liarse a tiros. Ojalá todos fuésemos un poco más tímidos. Muchas cosas cambiarían.

Así que… ¿tienes un hijo o una hija tímida? No escuches a gente desinformada. Dale e él o ella las gracias, y para ti mis más sinceras felicidades.

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Gorka SaituaAutor: Gorka Saitua Pedagogo de formación. He trabajado desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de la provincia de Bizkaia. En la actualidad soy orientador familiar.

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