Quiero esto, lo quiero ahora y lo quiero ¡ya!

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Nos escribe Marta, desde Gijón. Según nos cuenta está preocupada porque su hijo de 4 años se frustra muy rápido y resulta difícil de calmar. Marta nos dice que Daniel siempre quiere salirse con la suya y si no es así comienzan los lloros y los enfados. Estas situaciones a ella le provocan malestar y, aunque ha intentado diferentes métodos para tratar de que dejen de producirse, a día de hoy no sabe cómo hacer frente a estos comportamientos.

Empezaremos tratando de entender el por qué de este comportamiento en Daniel. Verás que esto que te pasa a ti con tu hijo es algo habitual y que además tiene una base evolutiva. Su desarrollo natural no le permite con esta edad comportarse de otro modo, vemos por qué.

  • Los niños de 2 a 5 años aún no han superado el egocentrismo (J. Piaget). En esta etapa aún confunden su punto de vista con el de los demás. Por este motivo lo que “yo” necesito es más importante que nada en el mundo. Su pensamiento está centrado en sí mismo. Si lo que tiene en su cabeza no se cumple sólo puede enfadarse, ¿cómo es posible que no se cumplan sus deseos? Para ellos es simplemente incomprensible.
  • A esto se le suma el hecho de que no saben esperar porque aún no tienen la misma conciencia del tiempo que un adulto. El tiempo se mide en relación a ellos mismos y lo que han hecho y se enmarca fundamentalmente en el “ahora”. De ahí su necesidad de inmediatez. Aún no han adquirido la capacidad de posponer porque no saben qué es eso de “después”. Por este motivo las cosas las quiero “ya”.
  • Por otra parte, aún no tienen desarrollada la capacidad para tolerar la frustración. Esta capacidad requiere haber adquirido previamente una serie de capacidades que desde luego un niño de 4 años no tiene. Hablamos de madurez mental, capacidad de reconocer las propias emociones, buena comprensión de la realidad, etc. Con esta edad ellos simplemente esperan que la vida sea fácil, sin sobresaltos y cómoda. Cualquier contratiempo les azota como una dosis de realidad imposible de entender y de asumir para ellos. Poco a poco, según se vayan exponiendo a situaciones adversas aprenderán a encajarlas mejor, por eso estas situaciones no sólo no trauman al niño sino que le dan la oportunidad de aprender y desarrollar sus capacidades.

Es muy importante que todos y todas sepamos que, lejos de hacerles daño, las rabietas son una fase natural del proceso de diferenciación, que les lleva hacia la autonomía

  • Todo ello les lleva a una evidente falta de autocontrol. Piensa que el cerebro del niño de esta edad aún es muy inmaduro y es difícil controlar una máquina tan potente como es nuestro cerebro. Este aprendizaje requiere de un gran entrenamiento que a veces nos lleva toda la vida. Podemos observar a muchos adultos que tenemos a nuestro alrededor y como se desbordan en algunas situaciones. De hecho, esto nos ha pasado a todos en alguna ocasión. ¿Cómo no le va a pasar a un niño de 4 años?.
  • Por último, tu hijo se encuentra en un refugio de seguridad (J. Bowlby) esto hace que pueda mostrar lo que siente sin miedo a que le rechacéis o que penséis mal de él. Daniel se atreve a mostrarse porque tiene claro que por vuestra parte hay una incondicionalidad afectiva, es decir, que le vais a seguir queriendo, aunque se comporte de ese modo.

Muy bien, y ahora que sabes todo esto qué puedes hacer. ¿Tienes que dejar simplemente pasar el tiempo y esperar a que crezca o puedes hacer algo para tratar de ayudar a tu hijo a vivir esas situaciones de un modo más integrado, sin desgastarte y acabar desesperada? Pues a continuación te damos algunos consejos.

  • Guarda la calma en esas situaciones. Está claro que Daniel no lo va a hacer y alguien tiene que tomar el control de la situación . Es verdad que hay momentos en que puede resultar difícil porque la situación nos sobrepasa pero, aunque por dentro seamos un volcán a punto de explotar, es mejor que por fuera aparentes ser un mar en calma. Nuestra apariencia de tranquilidad ayudará a Daniel a volver a un estado más integrado (Daniel J. Sieguel). Tu calma le dará seguridad.
  • Se firme y clara con el mensaje. Si consideras que, por mucho que a él le gustaría, lo que quiere no es posible, no titubees, es un “no” sin contemplaciones. Si Daniel te ve dudar o cree que hay alguna posibilidad, por pequeña que sea, de que cambies de opinión y pueda salirse con la suya, no dudes de que lo va a intentar. Subirá la intensidad de su enfado progresivamente y podrá hacer que te parezca interminable. Por eso es importante que prestes atención también a tu lenguaje corporal. Cuando estamos seguros de lo que decimos nuestro cuerpo también lo transmite.
  • Se afectuosa. Ser firme no significa decírselo enfadada o distante. Piensa que realmente para él esta situación está siendo difícil y le está haciendo sufrir. Daniel, en esas ocasiones, está enfrentándose a un mundo que es diferente a lo que él esperaba, donde hay veces que no puede ser lo que él quisiera. En estos momentos es cuando más necesita que las personas que le quieren le apoyen y le hagan saber que están con él. Ese afecto será para él un lugar seguro donde superar la frustración.
  • Pon nombre a lo que siente. Daniel aún no sabe diferenciar sus emociones. En esos momentos él siente muchas cosas pero no sabe qué le está pasando por dentro y por qué le sucede eso. Tener un adulto enfrente que le haga de espejo, mostrándole que le está ocurriendo, le ayudará a aprender a entenderse a sí mismo. Se trata de que durante ese ratito le dejes tu cerebro para que pueda utilizarlo. Esto lo puedes hacer diciéndole frases como “creo que te has enfadado porque no te he dejado jugar con el coche” o “me parece que estás un poco triste porque ahora te gustaría ir al parque y no es posible”. Estas frases ayudarán a tu hijo a ir poco a poco ejercitando su “visión de la mente” (Daniel J. Sieguel; Peter Fonagy), y con ello mejorando su autocontrol.
  • Recuérdale que las emociones son pasajeras. Como decíamos antes los niños de esta edad no tienen conciencia de tiempo. Esto hace que crean que lo que sienten en este momento lo van a sentir siempre. Saber que las emociones vienen y van les ayuda a superarlas y a vivirlas de un modo menos dramático. Por eso es importante que le hagas saber que, aunque en ese momento se sienta así, se le va a pasar y luego va a volver a estar contento y a disfrutar, que sólo es un mal rato.

Si quieres ayudarle durante las rabietas, céntrate en lo que puede aprender durante los periodos de calma, cuando puede prestarte atención, pensar y escuchar tus palabras

  • Ayúdale para que aprenda a autoregularse. Esto no lo vas a poder hacer en el momento del enfado, sino cuando está en calma. Si el va aprendiendo a identificar cuando se está empezando a enfadar y qué le vendría bien en ese momento para calmarse, poco a poco aprenderá a autoregularse y disminuirán los momentos de desbordamiento. Para esto te proponemos nuestra actividad de El extintor.
  • Resalta sus buenos comportamientos. Durante este periodo es probable que se den de manera frecuente enfados y rabietas en Daniel. Esto nos lleva a los adultos muchas veces a identificar al niño con ese comportamiento y acabamos, de manera inconsciente, definiendo a nuestro hijo por ellos. Cuando el niño nos oye constantemente resaltando lo mal que se porta, irremediablemente baja su autoestima y aumenta ese mal comportamiento. Al final es lo que se espera de él, ¿no?. Por este motivo es importante que esas situaciones se resuelvan en el momento y después no se mencionen, no dejes que esos comportamientos tapen todo lo bueno que hace al cabo del día. Házselo saber y recuérdale lo orgullosa que estas de él.
  • Si es necesario, contenle con un abrazo. Si ves que está muy desbordado y no controla sus movimientos no lo dudes. Abrázale con fuerza y hazle saber que estas con él. Díselo bajito y con calma. No te preocupes porque no te escuche, tu voz tranquila le irá calmando. Se “sentirá sentido” (Daniel J. Sieguel).

Y sobre todo, no te frustres si en algunas ocasiones te sientes incapaz de controlar el comportamiento de tu hijo. A todos los padres y a todas las madres les pasa. Cuando los pequeños sufren un “secuestro emocional” no están en condiciones de escuchar o aprender nada. El aprendizaje siempre se realiza en momentos de calma. Aprovéchalos al máximo posible.

Gracias Marta por confiar en nosotros. Esperamos que estos consejos te ayuden en esta etapa del desarrollo de tu hijo. No obstante, tienes que saber que sólo son unas pautas generalistas, porque no os conocemos ni a ti ni a tu hijo. Si necesitas orientaciones más precisas, no dudes en contactar con nosotros.

¿Qué piensas de lo que has escuchado? ¿Te ha servido? Háznoslo saber a través de los comentarios, o si necesitas más privacidad, mediante nuestro formulario de contacto.



Lara FormarizAutor: Lara Formariz Pedagoga de formación. He trabajado desde el año 2003 en el ámbito de protección de menores de la provincia de Bizkaia. En la actualidad soy educadora en un centro de acogida.

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