El componente subversivo de los buenos tratos

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Una crianza consciente conlleva necesariamente un esfuerzo por cambiar la realidad.

Es verdad. Es sorprendente encontrar un artículo como éste en un blog sobre crianza. Ha sido publicarlo, y recibir un montón de llamadas de gente que me quiere bien ¿Estás loco? ¡Se te ha ido la pinza! “Ideas para fortalecer a tus hijos e hijas…” ¿qué pinta esto aquí? Muy guapo, sí, pero ¿aquí tenía que ser?

No soy un buen orador. Tiendo a perder todas las discusiones en las que participo. Así que no he convencido a nadie. Pues vaya. No obstante, intuyo que muchos de vosotros habéis podido tener una reacción similar. Perplejidad. Qué menos que explicarme.

En Indartzen entendemos que el concepto de “resiliencia” tiene una triple vertiente.  La primera se refiere a lo que ocurre dentro de la cabeza de nuestros hijos e hijas. Es fácil de entender. Tiene que ver con cómo se desarrolla el cerebro, y con los recursos que van adquiriendo los niños, niñas y adolescentes a lo largo de todo su desarrollo: atención, memoria, pensamiento, autorregulación o –entre otros− empatía.

La segunda parte, se asocia con la calidad de las relaciones que los niños, niñas y adolescentes tienen durante su vida. Lo que más contribuye a la configuración del cerebro en desarrollo es la disponibilidad de los adultos cuidadores, la sensibilidad que muestren ante las señales de bienestar o malestar de sus hijos o hijas, su capacidad para hacerles sentir valorados positivamente y para guiarles de manera amable y no coercitiva. Es decir, el apego, la estructura y la empatía. Ninguna sorpresa.

Pero hay una tercera pata para la mesa, sin la cual, se nos va todo al suelo ¡Crash! Cristales rotos. Y lo vais a entender bien. Para empezar, llamémosle parentalidad social, que es un término que no sé si acuñó Boris Cyrulnik o Jorge Barudy. Ambos grandes en la materia.

Cuando hablamos de parentalidad social, estamos diciendo muchas cosas. Entre ellas, que la responsabilidad de la crianza no recae exclusivamente en los padres y en las madres, sino en toda la sociedad en su conjunto. Suena grandilocuente. Pero no lo es. Pensad en la cantidad de horas que los niños, niñas o adolescentes pasan sin la compañía de sus padres. En el colegio, durante las actividades extraescolares, con los amigos, o sencillamente en casa, viendo la televisión, jugando, o inmersos en ese tercer ámbito de socialización que hemos convenido en llamar mundo virtual.

En todos estos contextos, nuestros hijos e hijas van a tener experiencias muy significativas. De buenos y de malos tratos. Interacciones que van a modelar su cerebro. Que van a repercutir en su calidad de vida y en su desarrollo. Y si no, que se lo digan a los padres y madres de niños con necesidades especiales o diversidad funcional. Que se lo digan.

Es por ello que hablamos del componente subversivo (Jorge Barudy) de los buenos tratos: una crianza consciente conlleva necesariamente un esfuerzo por cambiar la realidad. Si eres padre o madre te sonará. Recordarás situaciones en las que no te has podido callar; momentos en los que has tenido que decir hasta aquí, basta, o luchar. Y es que la realidad en la que están inmersos nuestros hijos normaliza las más altas cotas de competencia social. Homo homini lupus. Donde la violencia se manifiesta continua y persistentemente en los periódicos y en la televisión. Callada y sibilinamente, a través de la perversión de la comunicación.

Así que frente a este tipo de artículos no nos pensamos callar. Máxime cuando la comunicación perversa es una de las formas de maltrato más lacerantes. Cuando la vejación no es evidente, la víctima no se puede defender. Traumatización acumulativa, lo llaman. Así que no vamos a formar  parte de la mayoría silenciosa que legitima la violencia. Si algunos de nuestros compañeros de clase son maltratados, sea evidente o soterradamente, no nos vamos a reír, ni vamos a apartar la mirada hacia otro lado. Vamos a hablar. Hacer explícito lo implícito. Dar la cara. Pelear. Como podamos, con nuestros escasos medios. Esta es nuestra responsabilidad máxime cuando gestionamos un pequeño medio de comunicación social.

No lo olvidemos, ser mejores padres y madres es intentar cambiar la realidad.


Comparte si estás de acuerdo. Gracias.


*PD. No sé si viene mucho a cuento, pero me viene a la cabeza una frase que leí hace poco: tener un hijo o una hija con dificultades te regala experiencias con personas excepcionales ¿tendrá algo que ver?

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Gorka SaituaAutor: Gorka Saitua Pedagogo de formación. He trabajado desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de la provincia de Bizkaia. En la actualidad soy orientador familiar. Me encanta investigar y compartir mi experiencia con otros y otras profesionales.

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