Piensa en círculos; la mejor escuela de padres/madres

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Te ofrecemos una de las grandes claves para comprender el comportamiento de tus hijos o hijas: el pensamiento circular. No lo dudes, este artículo cambiará tu forma de ver las cosas ¡a por ello!

Son las 16,00 h de un domingo por la tarde. Acabáis de terminar de comer, y te invade una gran somnolencia. Te echas en el sofá con una manta, anticipando una agradable siesta. Estás profundamente a gusto.

Jon, tu hijo pequeño, entra en el salón. Se queja de que su hermana Nahia no le deja jugar con sus cosas. Te levantas, tienes paciencia, hablas con ella, parece que la convences. Vuelves al sofá.

Ahora es ella quien viene. Dice que su hermano le ha insultado. Te levantas, esta vez de mala leche, les pones en su sitio. Siempre están con lo mismo.

Vas cerrando los ojos, te dejas llevar por el sueño y el calorcito. Escuchas golpes y gritos. Te cagas en lo más barrido. A freír puñetas la siesta ¿pero estos de qué van? ¿no pueden elegir otro momento? Se aprietan tus músculos, te lanzas como un misil, y todo explota.


¿Qué ha podido ocurrir? ¿Cómo te explicas esta situación? Quieres entender qué les ha pasado, por qué se han puesto así. No quieres que se repita ¿Qué ha podido pasar? Haz un ejercicio de imaginación, y anota tu respuesta.

Bien, corrijamos.

El ejercicio tiene dos partes, a las que llamaremos contenido y forma. El contenido tiene que ver con qué posibles explicaciones has encontrado. Sobre el contenido no tenemos nada que decir, salvo quizás que cuantas más opciones hayas contemplado, tanto mejor.

La forma tiene que ver con cómo ha sido tu proceso de pensamiento durante el ejercicio. Y esta es la parte que nos interesa. A grandes rasgos, existen dos formas de pensar en todo esto: el pensamiento lineal y el pensamiento circular.

Cuando pensamos linealmente tratamos de buscar la o las razones que explican una situación dada: “esto ha sido así, porque los niños estaban irritables” o “porque el pequeño estaba molestando a su hermana, y no le dejaba jugar cómo ella quería”, etc. El pensamiento lineal ocurre cuando utilizamos la parte izquierda de nuestro cerebro para resolver los problemas, y tratamos de encontrar “la” respuesta que permita solucionarlos. Nos lleva a concebir la realidad interpersonal como si fuese un problema de matemáticas. Pensar así es una paradoja, porque nos da seguridad, pero casi seguro que nos equivocamos.

El pensamiento circular es mucho más complejo, y nos abre las puertas a contemplar la realidad con todos sus matices. Cuando lo utilizamos no buscamos tanto la seguridad que nos dé una respuesta, sino que sentimos que vamos profundizando poco a poco en la riqueza de las relaciones ¿qué sentimientos produjo en el padre que su hijo Jon se acercara a él en el momento de la siesta? ¿Cómo gestionó el padre estos sentimientos? ¿Qué respuesta dio a su hijo? ¿Qué interpretó éste? ¿Qué sentimientos se le despertaron? ¿Cómo afecto esto a la relación con su hermana? ¿Cómo se tomó esto el padre? Y venga, y venga… El pensamiento circular requiere la activación de la parte derecha de nuestro cerebro, que es la que está más relacionada con las emociones y las relaciones interpersonales. Y sobre todo, es la que nos permite conectar con la experiencia de nuestros hijos e hijas, y hacerles sentir sentidos y comprendidos. Otra paradoja: no sentimos una gran seguridad, pero seguro que nos acercamos más a la experiencia de nuestros hijos e hijas.

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Si has utilizado el pensamiento circular para resolver la situación que hemos planteado, quizás hayas llegado a respuestas de este tipo: “es probable que cuando Jon fuese la primera vez a donde su padre, este haya interpretado que el niño es un desconsiderado por no dejarle descansar. Quizás se haya enfadado. Puede ser que este enfado le haya llevado a hablar con sus hijos de manera rígida, y aunque no lo desease, les haya dejado la sensación de ser incomprendidos. Ante esta sensación, los niños se han puesto más nerviosos y han intentado llamar la atención del padre de la forma más primitiva, esto es, dando guerra. Y esto, lejos de arreglar las cosas, ha provocado mayor enfado en el padre y más desconexión con los niños…” y así hasta el infinito.

Utilizar el pensamiento circular para comprender las situaciones que afectan a nuestra familia y a nuestros hijos e hijas no es fácil, entre otras cosas, por la tendencia natural de nuestro cerebro a simplificar la realidad interpersonal para hacérnosla más asequible. Y porque los nervios nos empujan a actuar de manera rígida y lineal cuando las cosas se complican. No obstante, el pensamiento circular, como cualquier otra habilidad, se puede entrenar. Y con un buen entrenador puedes conseguir una buena medalla.

Y no lo olvides, el pensamiento circular es la mejor escuela de padres.

Por supuesto, si te interesa profundizar en ello, cuenta con nosotros. Somos buenos.

Gorka SaituaAutor: Gorka Saitua Pedagogo de formación. He trabajado desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de la provincia de Bizkaia. En la actualidad soy orientador familiar. Me encanta investigar y compartir mi experiencia con otros y otras profesionales.

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