Sostenle con cariño durante una revelación dolorosa

Indartzen. Sostener

Nos escribe Sara, y lo primero que nos dice es que sin darse cuenta se ha ido metiendo en un “buen marrón”.  Nos explica que hace unos 7 años mantuvo una relación con un hombre, de la que se quedó embarazada de su hijo José. Esta relación finalizó y al poco tiempo tuvo constancia de que su expareja había ingresado en prisión.

Este hombre no dio señales de interés por su hijo, a pesar de que sabía que ella se encontraba embarazada. Ddecidió, por tanto, registrar a su hijo sólo con sus apellidos.

Considerando toda esta situación, y priorizando evitar el sufrimiento a su hijo José, decidió contarle a éste que su padre había fallecido poco tiempo antes de que ella diera a luz. Han pasado los años, y José ha crecido hasta ahora creyendo esto, pero recientemente se ha incrementado su curiosidad natural, y ha empezado a hacer preguntas sobre la identidad y características de su padre.

Sara nos cuenta que, de repente, se ha dado cuenta de que no es bueno seguir ocultando la verdad a su hijo, y no quiere que este hecho pase factura a su relación. Pero tiene mucho miedo de cómo le pueda afectar esta revelación a su hijo. Y sobre todo, le aterroriza que este hecho les pueda distanciar.  Llegados a este punto ¿qué puede hacer? 

Es bastante frecuente que los padres y madres digamos algunas mentiras piadosas a nuestros hijos e hijas. La razón más habitual es evitarles fácilmente un sufrimiento que no merecen. No obstante, las mentiras, por muy bienintencionadas que sean siempre tienen un reverso oscuro: se descubran o no, generan inevitablemente distancia entre las personas.

Es por ello que respaldamos sin duda la decisión que has tomado, Sara. Decir la verdad a tu hijo, por muy complicado y doloroso que pueda resultaros a los dos, es una buena oportunidad para fortalecer vuestra relación, y por tanto, para mejorar las capacidades resilientes de tu hijo.

No obstante, tal y como nos señalabas en tu correo electrónico, esta revelación no está exenta de riesgos, por lo que es recomendable que sigas un plan cuidadosamente diseñado, cuyas líneas maestras exponemos a continuación.

Pero antes, déjanos que aclaremos antes algunos conceptos fundamentales.

En primer lugar, recuerda que el cerebro de tu hijo José, de 7 años, está aún bastante inmaduro. Esto significa que, por muy bien que lo hagas y por mucho que se esfuerce, no va a poder comprender toda la complejidad de la situación. Por ello, va a ser muy importante que adaptemos nuestro discurso a sus capacidades, y sobre todo, que le vayamos dando la información muy poco a poco para que la pueda ir digiriendo. Piensa que no tienes por qué soltarlo todo como un bombazo; tienes toda la vida por delante para entrar en detalles y dar explicaciones.

Por otro lado, ten en cuenta que esta conversación va a suscitar emociones muy potentes en tu hijo. Y cuando las personas estamos sometidas a estrés, perdemos en parte nuestra capacidad para atender, reflexionar y empatizar. En estas condiciones, insistir en argumentos o explicaciones, por muy razonables que estas sean no suele ser muy recomendable, porque puedes empujar a que tu hijo sufra un “secuestro emocional”. No hay nada que nos toque más las narices cuando estamos enfadados, asustados o tristes que nos pidan que usemos la cabeza ¿verdad?

Es mucho más eficaz enfocar tu discurso hacia el lado derecho de su cerebro, que es la parte más holística, creativa y emocional. Si te abruma un poco lo que has escuchado, descuida, porque te vamos a dar algunas pistas más adelante. Mientras tanto, aquí tienes un ejemplo para ir abriendo boca.

Una madre a la que hace tiempo ayudamos se enfrentaba al problema de cómo explicar a su hijo de 7 años que no podía ver a su padre porque el juez les había impuesto una orden de protección. Su primer impulso fue explicarle qué es lo que había ocurrido, así a lo bruto, con todos sus pelos y señales. Pero luego pensó un poco, y elaboró la siguiente explicación metafórica. Mira Jon, lo que nos ocurre es lo siguiente. Es como si tu padre estuviese en un lado de un río muy caudaloso, y nosotros en el otro. La pena es que el puente que unía ambas márgenes del río se ha derrumbado.  Como el rio es muy ancho, los trabajadores tienen que ir reconstruyendo poco a poco el puente para que podamos volver a estar juntos. La faena es que no sabemos cuánto van a durar estos trabajos. Pero tú descuida porque siempre puedes preguntarme, y según vaya sabiendo cosas nuevas te las iré comentando.

Esta es una explicación veraz, pero dirigida al lado derecho del cerebro. Es una explicación sencilla, realista, y adaptada tanto al nivel de madurez del niño, como al momento especialmente sensible en que se encuentra. Y como puedes ver, además deja claro que poco a poco le irá dando más información según vayan transcurriendo los acontecimientos ¿Cómo creéis que se sintió el niño al escuchar esto? Piensa en lo que habría ocurrido si le hubiese expuesto la verdad crudamente, tal y como era.

Llegados a este punto, pasamos a enumerar algunos consejos que seguramente te vengan bien para afrontar esta conversación con tu hijo:

  • Crea una figura equilibrada. Es posible que tu relación con este hombre no haya sido del todo satisfactoria, pero procura no irte a los extremos. Si le ofreces una imagen de su padre con sus cosas malas, pero también con muchas cosas buenas, es más probable que sienta que le cuentas la verdad, y dejarás menos espacio a la imaginación, que ya sabes, rellena los huecos que no se han cubierto con las palabras.
  • Recuerda que en realidad tienes dos conversaciones pendientes. La primera es evidente, y conlleva la confesión a tu hijo de que su padre se encuentra vivo. La segunda es que tienes que explicarle por qué su madre le ha mentido. Puedes abordar esta segunda conversación primero, y con suficiente antelación, diciéndole cosas como por ejemplo que “las personas a veces mienten cuando no saben cómo explicar las cosas”, o “porque no quieren hacer daño”, o “porque les da miedo la reacción que puedan tener los demás”. Date tiempo con esto, porque si consigues que reflexione con cierta profundidad sobre la mentira, le habrás ahorrado una parte importante del golpe.
  • Rehaz poco a poco tu discurso, antes de decirle con claridad nada. De nuevo, date un tiempo, y vete sustituyendo poco a poco la palabra “muerto” por “ausente”. Sigue diciendo a tu hijo que aita (papá) se fue. Y de se fue a “marchó”. Piensa que tus palabras irán poco a poco condicionando y flexibilizando su pensamiento. Así cuando le vayas a decir la verdad el impacto no será tan potente.
  • Elige cuidadosamente el momento. Es probable que sientas unas ganas imperiosas de quitarte cuanto antes ese peso de encima, pero intenta por todos los medios, priorizar los tiempos de tu hijo frente a los tuyos. Intenta hablar con él cuando tenga verdadera curiosidad, esté preparado, y en plenitud de sus facultades. Procura que en ese momento no tenga preocupaciones o emociones desagradables encima. Si se encuentra relajado y con la curiosidad despierta, conseguirás más fácilmente que te escuche y que comprenda las cosas como merece.
  • Anticípale que quieres tener con él una conversación importante, y dile que quizás le duela lo que va a escuchar. Puede parecer cruel, pero si tu hijo sabe que, por ejemplo, por la tarde vas a hablar con él seriamente sobre algo que es importante y que quizás le afecte, estará más preparado para recibir e integrar lo que le puedas decir. Nuestra recomendación, es que se lo anticipes por la mañana, y hables con él por la tarde. Así no alargarás de manera innecesaria su nerviosismo o ansiedad.
  • Crea una red protectora, y hazles partícipes de tu plan. Piensa en qué personas son importantes para tu hijo, y a quién estaría dispuesto a escuchar. Habla con ellos y explícales lo que quieres hacer. Si están informados de qué es lo que va a ocurrir y de cuándo va a suceder se mostrarán más sensibles para arropar a tu hijo cuando éste más lo necesite, cosa que va a resultar fundamental.
  • Sé especialmente sensible y cuidadosa los días antes. Al menos, durante la semana que preceda a vuestra conversación, haz un esfuerzo especial por conectar con él y sentiros más unidos. Hazlo desde el corazón o utiliza actividades que puedes encontrar en nuestro blog, como por ejemplo, El Cofre del Tesoro. Cuando más unido se sienta a ti, más te escuchará y mejor comprenderá tus intenciones. Nos pasa a todos.
  • Prepara el escenario. Que el lugar sea cómodo y confortable. Que haga calorcito, que dispongamos de una manta protectora. Que tengáis unas palomitas o golosinas para picar. La idea de fondo es que le tranquilizará y le dará seguridad saber que tienes el control de la situación tanto como para hacerle sentir lo más a gusto posible.
  • Pídele que te escuche con atención porque a ti también te duele hablar de esto, y necesitas hacer mucho esfuerzo para contarle bien las cosas. Tu principal objetivo no es darle la información, sino recogerle si se nos viene abajo. Así que no lo dudes, si se te pone un nudo en la garganta y necesitas llorar, no te cortes y hazlo. Piensa que esto le dará permiso también a él para desahogarse y expresar qué es lo que está sintiendo.
  • Explícale que le dices esto ahora, porque ya se ha hecho suficientemente mayor para entender cosas que son importantes. Le hará sentir orgulloso y fuerte saber que ya puedes confiarle cosas de mayores, porque demuestra mayores cotas de madurez y templanza. Y esto sirve como una saludable cota de malla protectora.
  • Pon nombre a sus emociones. Sabemos que siempre lo decimos, pero no por ello deja de ser importante. Resulta muy complicado que las personas nos sintamos alejados de una persona que nos hace “sentir sentidos” y que se da perfecta cuenta de cómo nos encontramos. Pero ¡cuidado! No minimices ni intentes manipular sus sentimientos, o podrás provocar una verdadera catástrofe.
  • Prepara con antelación y escribe la historia que le quieres contar. Haz un breve ejercicio. Intenta por un minuto expresar en voz alta qué es lo que le vas a decir ¿complicado verdad? Existe una gran diferencia entre lo que tenemos en la cabeza en forma de imágenes y sensaciones, y en lo que podemos expresar cuando tenemos que traducirlo a palabras. Así que ponte en serio con el ejercicio unos días antes. Redáctalo de la mejor manera posible. Dale todas las vueltas que necesites y haz tuyo el discurso. Es cierto que va a ser imposible hacerlo tan bien cuando te toque, pero al menos tendrás más claro qué es lo importante.
  • Si observas que pierde el control, déjale primero que se desahogue. No insistas demasiado. Hay que contar con la posibilidad de que tu hijo sufra lo que llamamos un “secuestro emocional” que es, para que nos entendamos, cuando se activa su respuesta de “lucha o huida”. Si sientes que sus válvulas no pueden con toda la presión, apártate deja que la olla explote. Ya tendrás tiempo después de recomponer todo el estropicio.
  • Déjale claro que aún os quedan muchas cosas de las que hablar, pero que estás dispuesta para ir poco a poco aclarando sus dudas, y que a partir de ahora le tendrás informado sobre todo aquello de lo que te vayas enterando.
  • Explícale con claridad qué opciones tiene ahora, pero también a medio o largo plazo. En tu correo electrónico no nos quedaba muy claro si esto iba a ser posible, pero dile si podrá conocer a su padre o no ahora, si en el futuro será posible, si puede pedirle explicaciones, o cualquier otra cosa. Anticípate a las dudas que puedan surgirle y el con total seguridad se sentirá más respetado y protegido.
  • Hazlo explícito: recuérdale que esta revelación no cambia nada entre vosotros. En inevitable que un mensaje tan potente haga temblar los cimientos de la vivienda. Si ves la oportunidad, dale seguridad explicándole que todo va a seguir igual entre vosotros, y que sus rutinas seguirán siendo las mismas que antes. Del mismo modo, haz explícito que esta revelación no cambia para nada vuestra historia. Aunque no lo entienda del todo bien, seguro que este mensaje le tranquiliza.
  • Recuérdale los próximos días la conversación que habéis tenido, y sobre todo, preocúpate por lo que se ha quedado sintiendo y pensando. Es absolutamente seguro que lo que le digas le va a dejar afectado una temporada. Y en estas condiciones, le dará mucha seguridad saber que tú no tienes miedo a retomar la conversación o volver a sacar el tema si hace falta. Así que pregúntale si le gustaría volver a hablar de ello, y respeta su criterio, tanto para abordar el tema como cuando opte por el silencio.
  • Si no te sientes capaz de seguir estos consejos, acude a nosotros o a cualquier otro orientador familiar. Un profesional te puede ayudar a diseñar mejor un plan a tu medida, y a la medida de tu hijo, y además sostenerte y entrenarte para que hagas lo mejor posible las cosas.

Finalmente decirte que te hemos dicho un montón de cosas, quizás demasiadas, y que asumimos que es muy probable que a la hora de la verdad no puedas tenerlas todas en cuenta. La conversación que enfrentas es muy difícil y puede estar cargada de emociones muy intensas que pueden nublar tu pensamiento. Así que quédate con lo que te resulte más importante, y permítete fluir en el diálogo con tu hijo. No te exijas más de lo que cualquier persona podría dar en un momento como este. Siempre estarás a tiempo de volver a retomar la conversación y dar los apuntes que no hayas dado.

Esperamos Sara haberte podido ayudar en este proceso. Pero ten por seguro que pasado el mal trago os habrá merecido la pena. Y no te olvides de que has tomado una decisión acertada, serena y valiente.  Y ya sabes, si quieres comentarnos tu experiencia, no dudes en hacerlo. Nos encantaría escucharte.

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