Motívales para que se porten mejor con una tabla de puntos

Indartzen. Programas de Puntos.

Cuando tenemos hijos, en el día a día se producen muchísimas situaciones que se repiten  continuamente, que generan mal ambiente familiar y nos estresan y frustran a partes iguales, ya que no sabemos muy bien cómo controlarlas. Peleas a diario para que hagan los deberes, discusiones demasiado habituales  a la hora de comer, dificultades para que se vayan a la ducha o a dormir, para que recojan… ¿os suenan? Identificarlas nos resulta fácil pero no tanto saber qué hacer para que dejen de producirse. No obstante, todo tiene solución. Existe un método que, bien utilizado, resulta muy eficaz en este sentido. Se trata del programa de modificación de conducta o, de un modo más coloquial, un sistema de puntos. Aquí tienes unas sencillas instrucciones para crearlo tú mismo o misma. Y un ejemplo que te puedes descargar. Y si te gusta, que sepas que profundizaremos más en posteriores entregas ¡Ahí va!

 

Este sistema tiene como base la Teoría del Condicionamiento Operante, de B.F. Skinner. Dicha teoría viene a decir que ante un estimulo se produce una respuesta voluntaria que puede ser reforzada de manera positiva o negativa, provocando que la conduzca se fortalezca o se debilite. Esto se va a entender mejor explicando un experimento que él realizó para apoyar su teoría, conocido como la caja de Skinner. Dicho experimento consistía en lo siguiente.  Él elaboró una caja en la que introducía un animal, habitualmente ratas o palomas. Dentro de dicha caja había también una palanca que al accionarla suministraba alimento (lo que sería el refuerzo). Los animales se movían por la caja libremente hasta que, de manera casual, accionaban la palanca y recibían comida. A partir de ese instante empezaban a ensayar accionando dicha palanca, acabando por relacionar su acción con la comida, por lo que tendían a repetirla de manera habitual para conseguir el refuerzo.

Bueno, pues trasladando este experimento a los seres humanos, y en concreto a los niños, podremos entender que si, tras realizar una conducta obtienen un premio o refuerzo, es decir, algo que les hace sentir bien o les agrada, van a tender inequívocamente a repetir dicha conducta de manera reiterada. Por ello, si lo que queremos es que recojan, que se vistan solos, coman, etc., lo que podemos hacer es premiarles cada vez que lo hacen bien, hasta que este comportamiento se convierta en parte integrada de su forma de funcionar y lo realicen de manera natural, sin necesidad de seguir recibiendo dicho refuerzo.

Es verdad que podemos intentar también castigarles si no lo hacen o lo hacen mal, lo que puede provocar  que dejen de repetir el comportamiento negativo porque la consecuencia les desagrada, pero esto es menos productivo a  la larga y provoca que no sepa exactamente cómo lo tiene que hacer, además de hacer al niño sentir que no es válido y alejarle emocionalmente de nosotros, como ya hemos dicho en alguna otra ocasión.

Pues bien, ya sabes que el refuerzo es un sistema muy eficaz para tratar de que los niños adquieran hábitos de comportamiento adecuados, ahora bien, ¿qué puede funcionar como un refuerzo adecuado y cómo aplicarlo correctamente? Vamos a tratar de responder a estas preguntas.

Empezaremos diciendo que existen varios tipos de refuerzos que podemos utilizar con los niños, dependiendo de su edad, de sus intereses, de la situación  y de diferentes aspectos que como adultos conocemos de ellos. Cualquiera de ellos puede resultar muy eficaz, sólo hay que elegir el más adecuado en cada momento. Son estos:

  • Alimentos: en esta categoría se encuentran las comidas y bebidas, golosinas, chocolates,… por ejemplo, permitidles beber zumo en la comida, qué elijan lo que comer, merendar o cenar un día, tomarse un cola cao antes de dormir, etc.
  • Afectivos: besos, abrazos, caricias, reconocimiento, aplausos, ovaciones, cosquillas…
  • Experienciales: Jugar con ellos a su juego favorito, dedicarles tiempo, ir a patinar, al cine, librarse de una tarea que tenían asignada…
  • Materiales: Comprarles algún juguete, cromos, gogos…
  • En negativo. O lo que es lo mismo, retirar tareas o estímulos que para el niño o niña resulten desagradables. Por ejemplo, permitirle que hoy no ponga la mesa en agradecimiento por su buen comportamiento.

No utilices sólo regalos si no quieres que tus hijos e hijas se acostumbren a portarse bien sólo “a cambio de algo”.

Ahora, una vez identificada la conducta que queremos modificar y elegido el refuerzo más adecuado sólo se trata de tener en cuenta varias cuestiones.

  • Explicar bien a los niños qué comportamiento es el que se va a premiar, es decir, qué queremos que hagan. Debemos utilizar un lenguaje que sea adecuado a su edad y asegurarnos de que han entendido lo que les pedimos. Frases del tipo: “Tienes que recoger todo lo que hayas sacado antes de empezar a jugar a otra cosa” o “Debes acabar la comida en 30 minutos”. Es muy importante que sean órdenes concretas y con criterios claros para saber si lo han conseguido o no. Mejor no ponernos trampas a nosotros mismos y que luego tengamos dudas de si poner el punto o no. Del mismo modo es imprescindible huir de frases del tipo “Tienes que portarte bien toda la tarde” puesto que portarse bien es un concepto demasiado amplio y que los niños no llegan a entender, ya que nos les aclara qué se espera exactamente de ellos.
  • La consecución de lo que les pedimos debe quedar registrada y ser visible. Para ello elaboraremos una tabla que colocaremos en un lugar donde los niños la puedan ver bien. En ella quedará registrado cada vez que ha realizado correctamente la conducta. Lógicamente si tenemos en cuenta sus gustos a la hora de elaborar la tabla ellos se sentirán más identificados y con ello aumentará su motivación. Por ejemplo, nada más motivante para un niño al que le gusta mucho el futbol que una tabla de puntos donde el recorrido imita un campo de fútbol y los puntos son balones, en lugar de los típicos gomets de colores.
  • Es muy importante ser rigurosos. Todas las veces que el niño realice bien lo que le pedimos debemos reconocérselo. Si tratamos de que el niño establezca una relación entre la conducta y la recompensa ésta debe darse en todas las ocasiones, por lo menos al principio. Por eso hay que estar atentos y no dejarnos llevar por la apatía o las prisas. Si hemos decidido, por ejemplo, que los puntos en la tabla se pondrán por las noches antes de ir a dormir, no debe haber ninguna excusa para no hacerlo, no sirve dejarlo para otro momento porque se ha hecho tarde, o no ponerlos porque estamos enfadados o cansados. Del mismo modo, es importante que aunque el niño se haya portado mal todo el día y estemos enfadados con él, si esa conducta la ha hecho bien hay que reconocérselo. Es fácil caer en la tentación de dejarnos llevar por el enfado y decirle “hoy no te has ganado nada, me tienes harto”, pero esto además de no ser justo haría que el sistema no fuera eficaz, porque el niño perdería la confianza en nosotros y en que realmente se le reconozcan sus esfuerzos.
  • Preferiblemente en positivo. Evidentemente hay muchas maneras de registrar en una tabla si el niño ha realizado una conducta. Nos encontramos con muchas en las que, de hecho, se registra con puntos positivos y puntos negativos. Nosotros consideramos que es mejor dejar en blanco un hueco si no lo ha conseguido, antes que poner puntos negativos. Se trata de reconocer y resaltar lo que hace bien y obviar cuando no lo hace.
  • Premio atendiendo a sus preferencias. Lógicamente un refuerzo es mucho más eficaz cuanto más deseado es por la persona que lo recibe. Por ello, es muy interesante negociar con el propio niño o niña qué premio puede ganar. Si es algo que él o ella ha pedido siempre va a hacer más esfuerzos por conseguirlo. Por supuesto luego llegará nuestra aportación, que será asegurarnos de que haya proporcionalidad entre nuestras exigencias y el premio a conseguir. Es decir, no tendría mucho sentido comprar una bici a un niño por comer bien una semana, sin embargo si sería razonable decirle que si come bien toda la semana el domingo alquiláis unas bicis para dar una vuelta, por ejemplo.

Las tablas de puntos son especialmente eficaces cuando están enfocadas a cambiar un comportamiento que, por lo que sea, no consideramos correctos en nuestros hijos e hijas. No obstante, no es recomendable abusar de ellas, porque depende de cómo se apliquen, pueden acostumbrar a los niños y niñas a esperar beneficios a cambio de portarse bien. No obstante, mientras no te pases, son una forma perfecta de ayudarles a que se motiven mejorando su comportamiento.

Ahora sólo queda ponerse manos a la obra para elaborar esa tabla de puntos mágica que hará que los niños y niñas modifiquen su comportamiento para aprender hábitos más saludables. No hay tablas mejores o peores. Sin duda la mejor será la que haga que tu hijo o hija más se motive.

Puedes preparar tu propia tabla de puntos, siguiendo estas instrucciones. Estaríamos encantados de echarle un vistazo y darte nuestra opinión antes de que la pongas en marcha. Así te sentirás más seguro o segura con la misma.

Mientras tanto, puedes descargarte aquí esta tabla de puntos estandarizada, para niños y niñas de entre 7 y 12 años. Es gratis… sólo a cambio de que nos comentes tú experiencia. Y recuerda que puedes ayudar a tus amigos y amigas compartiendo este post. No encantaría que llegue a mucha gente ¡Muchas gracias!

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