Estrenamos sección de cuentos educativos. Hoy “La Casita del Árbol”.

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La casita del árbol es un cuento creado originalmente para trabajar con los niños y niñas que viven en un centro de acogida cuáles son las cosas que realmente hacen felices a las personas. Nunca está mal que nos lo recuerden ¿verdad?

Aquel día María se levantó con ganas de cambiar las cosas. Saltó de la cama, bajó a desayunar, se vistió y volvió a su cuarto para pensar  de qué manera hacer eso posible. Por mucho que le daba vueltas no se le ocurría cómo podía hacerlo, pero tenía claro que tenía que ser algo importante y que consiguiera que la gente fuera más feliz.

Finalmente se le ocurrió una idea. Rápidamente cogió una cartulina, escribió unas palabras en ella y se dirigió a su casita del árbol, donde colocó el cartel para que todo el mundo pudiera verlo.

A los pocos minutos la casita del árbol estaba rodeada por una multitud que miraba sorprendida el cartel, preguntándose qué significaba lo que en él ponía. Se oía el murmullo que producía la sorpresa, la gente hablaba en susurros, pero ninguno se atrevía a ser el primero en acercase a la casita.

María les miraba desde arriba. Estaba nerviosa, esperando a que alguno diera un paso. Finalmente una niña pequeña, de unos 7 años, comenzó a andar muy despacito, puso un pie en la escalera, luego otro, y poco a poco se fue acercando a María que la miraba con una sonrisa y le tendió la mano para ayudarla a subir el último tramo.

Una vez arriba la niña titubeando acertó a decir: – ¡yo quiero!. María en ese momento le regaló su muñeca. La niña no podía esconder su alegría y se abalanzó sobre María para abrazarla.

Tras ella fueron subiendo los demás. A uno le daba un beso, a otro le regalaba un abrazo, a otro simplemente le escuchaba, pero todos bajaban del árbol un poco más contentos de cómo subieron.

Lo cierto es que María llevaba mucho tiempo observando a la gente de su barrio, se había dado cuenta de que a todos ellos les faltaba algo para ser felices y que siempre eran cosas pequeñitas que ella podía darles. Y entendió que a las personas lo que nos hace felices es tener alguien que nos quiera, que se preocupe por nosotros, que nos escuche, que nos dé un beso o un abrazo, tener amigos.

Así que ese día cogió la cartulina y solamente escribió:

¡Si quieres ser más feliz sube al árbol!

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