10 tips para ayudar a tu hijo o hija a comer mejor

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En muchas casas la hora de la comida es una verdadera batalla. Discusiones, enfados y tensión están a la orden del día. La alimentación está, por tanto, asociada íntimamente a emociones desagradables que ayudan más bien poco a que los adultos, niños y niñas disfruten de ese momento. En este breve artículo encontrarás las claves fundamentales para reconducir esta situación. ¿Puedes anticiparlas?

Nos escribe Juan, padre de María, preocupado por la actitud de su hija hacia la comida. María es una niña de 9 años, que en general es bastante responsable. Sin embargo, todos los días hay una pelea a la hora de la comida o de la cena. No importa qué haya para comer, siempre es la misma película: se eterniza para comer, se levanta de la silla, y siempre acaba discutiendo con ella para que se alimente adecuadamente. Le gustan muy pocas cosas y tiene el hábito de protestar constantemente cuando se sienta a la mesa: “yo no quería eso”, “no me gusta”, “qué asco”… Cuando su padre consigue que se siente a la mesa, acaba jugando con la comida, se levanta a bailar o cotillear lo que ocurre en cualquier lugar de la casa. Es desesperante. ¿Qué puede hacer?

No es extraño que la hora de las comidas se convierta en un verdadero campo de batalla. Es evidente que la negativa de un niño a comer puede desencadenar emociones muy negativas en cualquier padre o madre.

Seguro que el padre de María se siente identificado con este diálogo interno: “¿se pondrá enferma por no comer? ¿podrá afrontar el día con tan poco alimento? ¡lo hace para fastidiarme! ¿no puedes estarte quieta en la mesa?”

Discurso al que es habitual que acompañen sentimientos desagradables como enfado, impotencia, irritabilidad, hastío, cansancio, frustración, temor y a veces, incluso, cierta indefensión, puesto que la batalla por la comida es una pelea abocada inevitablemente al fracaso.

Todas estas emociones desagradables tienen el efecto de una bomba sobre nuestro cerebro. Cuando están presentes suelen nublar el pensamiento, y nuestra capacidad para interpretar el comportamiento de nuestros hijos e hijas en clave de las necesidades que lo motivan. Y esta corriente empuja inevitablemente nuestra barca hacia los remolinos del caos y de la pérdida del control, o hacia los adoquines de la rigidez.  No es infrecuente, por tanto, que nos veamos repitiendo compulsivamente soluciones que sabemos a ciencia cierta que no ayudan a superar este problema.

¿Pero significa todo esto que no podemos hacer nada? Por supuesto que no.

Ofrecemos a continuación algunos consejos para superar estas dificultades, y volver a hacer de las comidas un momento agradable y tranquilo:

  • Busca apoyo. Pedir ayuda es una parte muy importante para afrontar los problemas que nos suponen tanta carga emocional. Hablar con alguien de confianza sobre qué miedos tenemos, o qué cosas pensamos en esos momentos, nos permite permitirá darte cuenta de las ideas irracionales que surcan nuestra mente, y que alimentan ese torbellino emocional que tan poco nos ayuda. Además, nos hará sentirnos más seguros de nosotros mismos, y respaldados en nuestras decisiones, cosa imprescindible para poder afrontar la tarea que nos ocupa.
  • Haz lo posible para que la hora de comer sea un momento agradable. Intenta asociar el momento de la comida a experiencias agradables en familia. Cuenta anécdotas graciosas, disfruta expresando qué tal te ha ido el día, interésate por lo que tu hija quiera contarte… Haz todo lo posible porque ese momento sea tan agradable como puedas imaginarlo. Olvida las discusiones y las obligaciones, ambas serán casi con seguridad contraproducentes.
  • Es muy probable que tu hija utilice esos momentos para llamar tu atención. María sabe que el tema comida te preocupa, y que puede ejercer con la misma cierto control sobre tu estado de ánimo y tu comportamiento. Observa que  muchas veces reñir a los niños no es un castigo como pensamos, sino paradójicamente un premio, porque logran acaparar nuestra atención, y eso es lo que más les satisface. No le hagas demasiado caso cuando se pone irritable o desafiante, pero préstale toda la atención del mundo cuando esté tranquile en la mesa y disfrutando de la compañía, tanto si quiere como si no quiere probar su plato.
  • Recuerda que la mejor motivación para comer es el hambre. Si no quiere comer, no pasa nada. Retírale el plato de la mesa y permítele que se marche. No le ofrezcas platos alternativos, ni le guardes el plato que no ha comido para el día siguiente. Sencillamente, deja que sea la naturaleza quien haga su trabajo. Seguro que durante comida siguiente disfruta más del momento.
  • Y por supuesto, nada de comida entre horas. Evita que sacie su apetito más allá de las 4 comidas diarias: desayuno, comida, merienda y cena.
  • Ponle raciones pequeñas. Observar poco alimento en el plato le despertará menos resistencias, y le permitirá percibir el reto como fácilmente superable.
  • Si cuentas con suficiente imaginación y motivación, prepara alimentos que sean agradables para la vista, y que puedan suscitar emociones positivas: galletas con formas de ositos, arroz servido con un molde con forma de pez, o todo lo que se te ocurra. Cuanto más divertido sea el plato, menos predispuesta estará para la pelea.
  • Evita utilizar la comida como premio o castigo. La comida no es algo con lo que se deba negociar. Las personas adultas y los niños y niñas comemos para cubrir nuestro apetito, y para disfrutar del tiempo con nuestros seres queridos.
  • Implícale en la cocina. A muchos niños y niñas les gusta ayudar a sus padres a cocinar. Si a ella le gusta, motívale para que te ayude. Además de pasar un buen momento juntos, estará mejor predispuesta a comer lo que a ella misma le supone tanto orgullo.
  • Dale ejemplo. Para los niños y niñas es mucho más importante lo que hacemos que lo que decimos. Respeta los horarios de las comidas, cena sentado en la mesa, y no te levantes hasta haber acabado. Ella querrá ser mayor como tú, y tenderá a imitarte para ser tan grande, fuerte e independiente como su padre. Así cuando le des la oportunidad de marcharse a jugar o quedarse “con los mayores” seguramente optará por la segunda alternativa.

Llegados a este punto, sólo queda desearte suerte con la tarea. Recuerda que los hábitos de este tipo no se modifican de la noche a la mañana y que debes ser muy metódico e insistente para poder observar los primeros atisbos de mejoría. Pero no nos cabe duda de que el esfuerzo va a merecer la pena.

Y ya sabes Juan, si te ha resultado útil nuestra respuesta no dudes en darle a “me gusta” o escribirnos un comentario, que nos gustan más que el jamón, el vino y el queso, todos juntos.

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